Se deja sentir el segundo nubarrón allá afuera, como un soplido suave y largo.
Estoy padeciendo de un sueño enviciante que me deja con la mano entumecida escribiendo sola.
Desconozco si solo de cansancio por el quehacer del día se trata.
El vendaval se hace potente.
Consume la paz.
La desgracia mecánica aniquila estos predios.
Sin ánimo de huir, mi dorso en el suelo se va haciendo cómplice y victima me ata al espanto que se viene.
Estas lluvias no darán tregua.
Me quieren ver perplejo en su vientre; pronunciante de nada.
Contenido.
¿Qué cosa les he hecho para ser merecedor de tanto agravio?
¡Lluvia, retirate!
Solo empapa los campos,
humedece los labios del árido arroyo,
esparce abundancia hasta que en el mar te estrelles.
¡Se benigna tambien conmigo!
Que aún tierra no he sido.
Pero allá me palparás.
(al par de ojos que jamás me mirarán...)
No hay comentarios:
Publicar un comentario