domingo, octubre 11, 2009

"LUNA" (monólogo)

Ambiente:

Una cama a mal traer, con un cobertor entreabierto. Una ventana con una cortina negra casi cerrada.
Se deja ver la luna en su plenitud. Una mesa de noche y un vaso de agua.


Texto:

¡Qué bien viste de viuda esta luna! (dice el hombre recostado, con la cabeza apoyada sobre su brazo derecho)
Qué extremo su luto (se reincorpora sentándose en la cama)
Quien ha conocido su llanto habrá de entender los sepulcros rotos. Esos que como arena, de un puñado escaso, se fueron al cielo a dar un consuelo. A dar el abrazo del firmamento todo (se cruza de brazos y se los acaricia)
Allá que todo ha enmudecido; la mujer del cántaro ya no canta ni su vasija ha saciado. El toro rasga pasto negro en un predio que ni bramido titila. El aire en trotes lentos va revolviendo la penumbra. Yo no veo consuelo ni ánimo nuevo en ésta luna.

Estoy junto a una palma que me arrebata la diestra.
Se entrelaza en cuanto descuido mi cintura.
Creo que tengo miedo de perderle, estoy por hacer de confesor.
Más reniego. ¡Reniego! Reniego.

Yo no se si quien a mi cintura ata su diestra solo ata mi piel o busca atar también mi alma.
La presión es univoca, pero confusa. Se siente más en las carnes, más en las crestas pélvicas que en mi espíritu de loco.
Y ni en lo uno ni en lo otro.

Respirar cándido.
Tacto contuso.
Manos perdiéndose en el fondo de la habitación.
Suavidad impaciente.
Fervor creciente
¡Revolución!

El clarín en tu boca fue la señal de un resuello belicoso.
¡Mil hombres caían allá afuera!
¡Y diez mil se morían por tenerte mientras yo te sostenía!


Era todo tanto caos. Tanto descontrol.
De pronto un ventarrón lo estremeció todo
Ahí la noche ocultando mis codos.
Ahí la noche cubriendo mis sonrisas de loco.
Y allá la luna inmóvil llorando su trono.

Faz completa
Palidez compleja
La soledad a su otear se asemeja. Recorriendo el valle va, como buscando algún perdido.

Luna, no te angusties. Esta jornada tuya no te angusties.
Tantas veces se te ha ido a quien andas buscando que no merece el llanto, ni el velo, ni el consuelo, ni el duelo que has venido celebrando estas últimas horas.

Hoy he sabido de triunfo.
Hoy he surgido a la torre de la dicha.
¡Hoy he gritado victoria!
Y nada de aquello has visto.
Ahora te lo estoy compartiendo y te invito a dejar el impávido clamor.
¡Nadie ha muerto luna!
¡Nadie!
¡Y si alguno ha de partir no ha de hacerlo bajo el sol!
¡Ni bajo los pies!
¡Ni ha de esparcirse en la tierra!
Por quien añoras cercano se viene.

Palma mía.
Ahora mía.
Cintura mía,
y tuya.
¡Se nos viene encima el albor!
¡Se nos viene el clamor de la partida!
¡La venganza de la viuda consabida!
Se nos están volcando los dolientes ajenos, esos que por la luna muda se afligían.


Se va borrando lo nocturno.
Se van durmiendo los dolientes.
Me voy quedando solo.
Te vas perdiendo entre la gente.

1 comentario:

Anónimo dijo...

realmentee aqui se ve un gran futuro escritor.....nunca te alejes de tu tabla que tu talento te vaa llevar lejos...confia..