jueves, noviembre 13, 2008

"Dos muertes en almuerzo en Casa Real"

Se ha encontrado un trozo de vidrio en el plato de sopa de la reina Agustina.
¡Alboroto monárquico!
¿Regicidio frustrado?
Las cocineras fueron convocadas de inmediato para la negligente encontrar. De laurel y pimienta se impregnó el salón y solo Josefina, la cocinera ciega y muda de talento e intuición, en la cocina se quedó revolviendo una olla de chocolate.
Una a una las nerviosas fueron interrogadas ordenadas en una fila de cara a la reina, y por la tensión, sus declaraciones se enredaban. La reina quería un culpable y como era habitual, a falta de confesión, la mas inexperta habría de pagar.
¡Que le corten las manos, que no cocine mas!
Drástica orden y de ejecución violenta. En el mismo lugar fue despojada con un corte certero en cada muñeca por una afilada espada.
¡Cuánto griterío en el salón!
Llanto y sangre.
Con la cara casi muerta, la joven sirvienta, sus últimas palabras pronunció: "yo no fui mi reina amada".
El cuerpo fue retirado y el suelo limpiado con sigilo.
La reina regresó a su asiento en la mesa. El plato de sopa había sido retirado.
Pidió el postre.
Las cocineras corrieron en manada para el postre acabar.
¡Alboroto culinario!
¡Josefina se mató!
Junto a la mesa, tendida en el suelo, bañada en chocolate.
-Fue la ciega- se escuchó comentar.
La reina se desesperaba en la mesa sentada; aguardaba. Odiaba esperar.
Quería paz.
Quería postre.
Por el lloriqueo llegó al lugar junto a las otras, por dos mozuelos acompañada.
Se acercó a la mujer.
La miró dos minutos.
Le acercó su dedo.
La recorrió a lo largo de su brazo enchocolatado.
Y lo llevó a sus labios.
-¡Buen sabor! ¡que no se pierda!-exclamó.
En una bandeja la anciana quedó servida sobre la mesa.
La reina pidió que ni los guardias en el salón se quedaran.
Y sola estuvo allí aquella tarde.
¡Se devoró a la Josefina por un poco de chocolate!
¡Cuánto abuso!
¡Cuánta gula!
De seguro algún día habrá de pagar.


(periódico "El Imperial", jueves 13 de noviembre de 1311)