"Déjame que te cuente las cosas en que me he gozado.
Había un acantilado con cinco cascadas con aguas de sabor diverso; la del norte me supo a océano, la del sur con gusto a nada.
Un hombre de los del grupo, amenizó la estancia haciendo de flautista.
Miré desde lo alto aquellos chorros generar sonidos adversos, como si cantaran los cantos que de la flauta escapaban.
Tanto verde en derredor.
Cuanto cúmulo de peces en el cauce.
Había un túnel en el murallón natural desde donde las aves aparecían en montones copiosos, llevando al extremo el bullicio en este valle; ruido potente que me hizo gritar.
Los aleteos formaron una rafaga de aire que se esparció por donde encontró senda expedita.
Cuando la caminata se acabó y el resto de los hombres emprendieron su ruta respectiva, el guía me ofreció permanecer con él en aquel lugar, el tiempo que quisiera.
Le parecí un buen sujeto, de valor.
Le agradecí el ofrecimiento, el trato cercano y la palabra prudente.
Pero todo era tan bello que preferí regresar.
No era lugar para alguien como yo.
(para un amigo que estuvo ahi cuando necesité de alguien indeterminado...el arquitecto de mi autovaloración)
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